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Los modelos, las comparaciones y los paradigmas

Los modelos, las comparaciones y los paradigmas - El otro día Daniel Innerarity en una columna de El Pais, que titulaba Otra ciencia económica certificaba el fracaso de los economistas a la hora de anticiparse a la crisis.  Ese fracaso se explica, según él,  por la especialización y fragmentación de las diversas especialidades económicas , por la ilusión de calculabilidad que esta especialización provoca.
La economía se encuentra en una situación paradójica: cuando parece que está en las mejores condiciones de explicar los fenómenos económicos y sociales, se encuentra desamparada y perpleja en medio de una crisis financiera que no ha sido capaz de prever. El afán de exactitud de la economía da lugar a una enorme inexactitud social.

Porque la economía es una ciencia social y parecemos haberlo olvidado. El otro día releía a Bordieu en un blog dela Fundación dedicada a mantener su obra.

Bordieu se preguntaba, ya en 1998, si el mundo económico es en verdad, como pretende el discurso dominante, un orden puro y perfecto que despliega implacablemente la lógica de sus consecuencias previsibles, dispuesto a reprimir todos los incumplimientos mediante las sanciones que inflige: baja del costo de mano de obra, reducción de los gastos públicos y flexibilización laboral.
¿Y si, en realidad, sólo fuera la implementación de una utopía, el neoliberalismo, convertido así en programa político, una utopía que se imagina como la descripción científica de lo real?
Esta reflexión viene al caso por una entrada  sobre la reforma laboral que plantea una comparación de la evolución del desempleo y el PIB entre Inglaterra y España. Muchos gráficos de libro básico de economía para apoyar, con aire muy científico eso sí, una reforma laboral "ambiciosa". Claro que esta entrada está en el blog de FEDEA, la fundación patrocinada por los grandes bancos y algunas otras grandes empresas, que propaga memes a favor de respuestas neoliberales a la crisis, como el famoso (y parcial) manifiesto de los 100 economistas. Eso debiera hacernos pensar: los asuntos complejos son polifacéticos y la ideología marca las conclusiones.
La comparación de la entrada con el Reino Unido no es ociosa, desde luego: las medidas económicas de Margaret Tatcher de los 80 del siglo pasado y las estrategias, quizá equivocadas, de confrontación de los sindicatos frente a ellas cambiaron el panorama laboral inglés. Los sindicatos practicamente fueron barridos o, al menos, perdieron casi toda su fuerza. La conclusión que saca Luis Garicano en su entrada es que, para que el desempleo no aumente o, en definitiva, para seguir los pasos del Reino Unido hay que cambiar la negociación colectiva. Hay que acercarla a la empresa, en un páis con el 89% de empresas de menos de 20 trabajadores, para que los salarios sean más elásticos. Como puntualiza: en el Reino Unido, el ajuste es neoclásico, la caída de los salarios amortigua el impacto negativo de la caída de la demanda. O sea, en palabras sencillas: que la crisis la paguen las personas que trabajan, que no tengan sindicatos fuertes que las defiendan, porque hay que aumentar la productividad.

La falacia es que no solo la productividad del trabajo es baja en España, también lo es, y mucho más baja la productividad global de los factores productivos y esto lo afirma la Fundación Cotec, nada sospechosas de connivencia con los sindicatos. Y en buena medida eso se debe a los bajos salarios. O sea, el problema más grave en España es de mix de factores y la gestión de la producción. Los sueldos bajos no incentivan la productividad.
¿Para qué gastarse dinero en mejorar la maquinaria o los sistemas  si pueses contratar trabajadores a bajo coste?. Un coste alto del factor trabajo, una apuesta por las tareas especializadas, incentiva el interés en mejorar la productividad, para reducir el coste por unidad de producción, aumenta el interés en formar a los trabajadores y en retenerlos. Pero para eso los sindicatos fuertes (aunque debieran mejorar en muchas cosas, que duda cabe) son parte de la solución. Hay que tener claro quién somos y lo que queremos, como pedía Manuel Cruz ayer mismo: por favor, no se me confundan de enemigo.
Aplicar mecánicamente datos económicos sin tener en cuenta los entornos es un enorme error que, muchas veces, se comete de forma interesada, como propaganda del pensamiento dominante.
Y el aplicar paradigmas inadecuados es peligroso. Eso hicimos el otro día en un taller, usando un juego de Unicef, y mandamos a la muerte a toda una familia haitiana. Simplemente mandamos a todos los hijos al colegio sin pensar en las necesidades económicas de la familia.
Un buena recomendación para detectar manipulaciones es pensar, intentar informarse, eso que nos cuesta tanto a todos. Al menos intentar tener dos opiniones enfrentadas y argumentadas. Para una opinión, nada neoliberal y muy enriquecedora y que permite el contraste con las opiniones más favorables a reducir el poder sindical, os recomiendo, por ejemplo, esta entrevista de Gabilondo a Susan George.

Entrevista a Susan George en CNN+ from AttacTV on Vimeo.

[Koldo da la lata]

De la enseñanza como arte de la argumentación

De la enseñanza como arte de la argumentación digital Enseñar no es una actividad transmisiva, no se envía "conocimiento" de un lado a otro de la clase. Más bien es una actividad argumentativa en la cual el docente busca persuadir y convencer a su alumnado para que establezcan vínculos, descubran, cooperen, imaginen o analicen distintos aspectos de la realidad. El discurso del docente en el aula es, básicamente, una argumentación.

Afirma Anna Cros (2003: 75) que el docente en la clase utiliza dos grandes estrategias discursivas: "las que tienen una orientación fundamentalmente explicativa, que suelen utilizarse para facilitar la adquisición, la elaboración y la comprensión de conocimientos; y las que tienen una orientación fundamentalmente argumentativa, que suelen encaminarse, por un lado, a actuar sobre los conocimientos y las actitudes de los alumnos, orientando la interpretación y el significado de lo que se enseña; y por otro lado, a generar o aumentar el interés y la implicación de los estudiantes hacia los contenidos y hacia la persona que los imparte."

Sin embargo, de estas dos grandes estrategias es la argumentación la que precede y predomina en la clase porque, según Anna Cros (2003: 53), "la argumentación en el discurso de los docentes está relacionada (...) con la intención de influir en los estudiantes (en sus conocimientos, en sus actitudes, en sus actuaciones) y de generar un clima - basado en la cooperación - que favorezca la buena disposición de los alumnos en clase y ante los profesores y las profesoras". Así pues, la argumentación es una clave fundamental para la motivación del alumnado y su actitud hacia el aprendizaje y los objetos de aprendizaje.

¿Qué consecuencias tiene la importancia de la argumentación en la clase? El libro clásico de la nueva Retórica del siglo XX, el Tratado de la Argumentación de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989) propone que "toda argumentación se desarrolla en función de un auditorio" (pg. 36) y que "para que se desarrolle una argumentación, es preciso, en efecto, que le presten alguna atención aquellos a quienes les está destinada" (pg. 53). Es decir, si la actividad discursiva fundamental de un docente es la argumentación, la atención en la construcción del discurso debe estar focalizada en el auditorio - el alumnado - y se deben utilizar todos "aquellos recursos lingüísticos y no lingüísticos [que permitan] incrementar la efectividad de la comunicación" (Cros, 2003: 24).

Y desde esta lógica argumentativa la clave es pensar quiénes son hoy nuestros estudiantes. Todos formamos parte de una sociedad en la cual conviven, en términos de Alejandro Piscitelli, nativos, colonos, excluidos e inmigrantes digitales y en la cual cada individuo participa de una "dieta cognitiva" determinada; el dilema de la escuela es encontrar las estrategias argumentativas para una nueva clase cognitiva, nuestros estudiantes, que no lee el mundo en el papel, sino que lo contempla dentro de la pantalla.

En este contexto Joan Ferrés (2008: 33) - citado en el vídeo de Piscitelli - propone en su libro La educación como industria del deseo, que "en el ámbito de la educación, el problema no es, pues, tanto de tecnologías cuanto de estilo comunicativo": los educadores, como los publicistas, ganamos si conocemos a nuestro auditorio, si usamos las estrategias y los recursos que nos permitan persuadirlo y convencerlo, si lo motivamos para que participe en la red de información y conocimiento que es el aula, la escuela, la comunidad, la ciudad o Internet.

El uso de las TIC, desde esta perspectiva, cobra sentido si las utilizamos para potenciar el efecto argumentativo de nuestra presencia - corporal y lingüística - en la situación comunicativa que es el aula. No consiste  simplemente en utilizar una presentación de diapositivas, sino en medir su efectividad argumentativa como recurso tecnológico; no consiste en pedir que nuestros estudiantes entren en Internet a buscar información para responder ciertas preguntas, sino en valorar si la actividad que proponemos a nuestros estudiantes representa para ellos un valor que los mueva a la actuación - como ya comentamos en una entrada anterior sobre "motivación a través de la actividad".

Enseñar es, sobre todo, un movimiento y la argumentación es nuestra fuerza de arranque, la detonación que provoca que todo el juego de búsqueda, relaciones, reflexión y acción se ponga en funcionamiento.

Referencias

Cros, A. 2003. Convencer en clase. Argumentación y discurso docente. Barcelona: Ariel.

Ferrés i Prats, J. 2008. La educación como industria del deseo: un nuevo estilo comunicativo. Barcelona: Gedisa.

Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca, L. 1989. Tratado de la argumentación. La nueva retórica. Madrid: Gredos.

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